Por Nahiara Saad Elias
El pueblo latinoamericano ha sabido alzar la voz, tomar las calles e iniciar la lucha cuando siente que sus derechos son vulnerados y dar inicio a procesos de estallido social como respuesta en la eterna búsqueda de garantizar una mejor calidad de vida. Una historia de desigualdades, donde las riquezas están en manos de unos pocos, mientras unos muchos pasan hambre. Según la CEPAL, en América Latina actualmente viven 209 millones de pobres.
Colombia despertó, como hace algunos años atrás Chile también lo hacía. El pueblo unido, sale a las calles a demostrar el descontento ante un histórico modelo neoliberal que trajo como resultados de sus políticas un incremento en la tasa de desigualdad y pobreza, y, con ello, derechos vulnerados. Un eterno despertar latinoamericano que nos deja el aprendizaje de que la clase alta es funcional al capitalismo mundial, mientras se deteriora la clase baja y media. Este cansancio a la desigualdad es el motor del desarrollo de insubordinación latinoamericana en la búsqueda de un modelo más equitativo y justo para todos. La imagen se repite, la derecha utiliza la fuerza para buscar mantener el mantener el status quo, a la vez que busca generar orden. El pueblo “por más que corra sangre” continua en lucha, porque cuando la tiranía es ley la revolución es orden.

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